Campamentos y salud. Regreso a los orígenes

En 1887, un grupo de 18 niños y niñas de entre 9 y 13 años, acompañados por dos profesores, salían de la estación del Norte de Madrid dirección a San Vicente de la Barquera, Cantabria. El objetivo era que estos niños, procedentes de clases muy empobrecidas de la ciudad de Madrid, vivieran unas semanas junto al mar, en contacto con el aire puro de la costa cántabra, dentro de un programa educativo e higiénico que les mejorara su salud física y “espiritual”. Los niños habían sido escogidos según sus enfermedades: raquitismo, anemia y escrofulismo.

Esta fue la primera colonia escolar que se hizo en España, tomando el relevo de una práctica educativa y de salud que había nacido en Suiza treinta años antes, y antesala de los campamentos educativos que empezaron a realizarse en los primeros años del siglo XX. ¿Y por qué estamos hablando de todo esto?

Diecisiete de julio de 2023. Veinte adolescentes de entre 11 y 16 años, acompañados por 3 monitores, inician unos campamentos de 5 días en la localidad de Beuda. El objetivo, mejorar su salud psicoemocional a partir del contacto con la naturaleza, la vida en grupo y el autoconocimiento.

Entre 1887 y 2023 han pasado ciento treinta y seis años. Durante todo este tiempo, los campamentos y actividades de ocio en la naturaleza han cambiado sus funciones sociales a la vez que la sociedad iba cambiando. Como acabamos de ver, sus inicios estaban fuertemente asociados a las condiciones de higiene y salud física de niños y adolescentes de las amplias clases obreras.

Con los años, esta función fue desapareciendo con la mejora de las condiciones materiales, surgiendo otras funciones, básicamente las ideológicas (bajo los paraguas de los totalitarismos y de la iglesia) y las económicas (más recientes y como resultado de la aparición del “mercado del ocio”).

Pero he aquí que, siguiendo el curso de los cambios sociales, nos encontramos con que, pasada una de las mayores pandemias de los últimos siglos, la COVID-19, la salud de los niños y adolescentes vuelve a ser una necesidad de primer orden. Y ahora no es tanto la salud física, sino la mental (aunque ambas se conectan). Y por eso, desde los pies en el suelo, nos hemos hecho esta reflexión: ¿Quizás los campamentos deben volver a su sentido original para dar respuesta a las problemáticas de salud que están apareciendo? ¿Pueden convertirse en factores para disminuir la depresión, la ansiedad, el estrés, la violencia psicológica y la violencia grupal, los suicidios, los trastornos de conducta alimentaria, la estigmatización, la falta de sentido vital…? No podemos esperar. Nos ponemos.